Parece que para darle una mejor respuesta a esta inquietud debemos pasar por algunas situaciones complejas de esas que así debemos calificar como prioritarias y entre ellas esta la falta de una buena salud, la cual lógicamente en la enfermedad cobra preponderancia llevándonos a descubrir que no hay dinero alguno que nos pueda ayudar a recuperarla, una vez esta se deteriora y nos coloca cerca de la muerte. Lo mismo sucede con nuestras relaciones, las cuales en ocasiones no valoramos y despreciamos, hasta que estas se fracturan y nos distanciamos hasta de nosotros mismo y definitivamente. Y es que en esos casos extremos intentamos recuperar el tiempo perdido y actuar de otra forma totalmente distinta a la que hicimos cuando estábamos bien, pero en ocasiones es un poco tarde, así que al hacer el nuevo listado de nuestras prioridades valdría la pena no tanto describir lo que deseamos, como sí valorar más lo que tenemos.

Una perla anónima nos recuerda que “siempre el mañana será mejor, si hoy hacemos las cosas distintas que ayer”.

Cuentan que un hombre viudo divagaba y maldecía mientras en sus brazos cargaba con su hijo menor, cuando de pronto sintió que una voz le invitaba a que ingresara a una cueva para allí solucionar esos dilemas. Así que estando dentro de aquella cueva observó una enorme cantidad de joyas, por lo que dejó a su hijo en el piso mientras intentaba llenar sus brazos con ellas, al mismo tiempo que esa misma voz extraña, le decía que tenia muy poco tiempo para tomar lo que más pudiera, ya que dicha cueva seria sellada por un derrumbe. Eso sí le advertía la voz que no debía olvidar lo que era prioritario e importante en la vida. Rápidamente el hombre tomó lo que más pudo y salió de la cueva con una buena cantidad de joyas en sus brazos, más cuando intentó entrar por su hijo, el derrumbe selló la cueva con el niño adentro, recordándole a él en ese instante a aquella voz que le había insistió que no obviara lo prioritario e importante que tenia: que lo prioritario realmente era su hijo.

Estamos tan metidos en las costumbres mercantiles del tener objetos a los cuales les hemos otorgado un valor que no poseen, que en algún momento de nuestras existencias se nos llama la atención para que le demos el verdadero valor a aquello a lo que no le habíamos colocado precio pero que solo merece que le impongamos todo nuestro aprecio.

El Texto de Textos nos revela en el Salmo 119:105, “lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                             COTIDIANIDADES… ¡nos trasformaremos!