Y vale la pena que entendamos bien esta pregunta ya que regularmente hemos confundido el concepto de valor con todo aquello que tiene un precio comercial. Y es que una cosa es el valor o precio que tiene algo, desde esa mirada mercantil y económica, otra muy diferente y en ocasiones hasta opuesta, es el valor intrinseco o de vida que debe tener alguien para poder vislumbrarse como persona o mejor aún para poder calificarse como humano. Y es que mientras sigamos colocandole a todo un precio y supongamos que con el dinero todo se puede adquirir, regularmente nos alejamos de la otra cara de esa misma moneda, que nos dice que: lo que realmente vale de nosotros son los principios que fundamentan nuestras interacciones.

Una perla anonima nos comenta: “si los pensamientos son energias reales y tienen poder, no es justo que pienses mal de ti”.

Cuentan que en una cotidianidad el docente una vez tomó el microfono para saludar y despedir a los suyos en el día de la graduación les dijo: – el título más valioso que pueden alcanzar en esta vida, es el de ser unas buenas personas, recuerdenlo. Y ese grado no nos da ni la universidad y menos cualquier otra institución académica o económica, por importante que esta sea en nuestra sociedad, sino que nos lo otorga el día a día al hacer que los principios y valores de los que tanto hablamos nos conviertan en seres ejemplares.

Y es que desafortunadamente en nuestras comunidades se aprenden muchas cosas importantes para desempeñar oficios y profesiones, pero parece se obvian u olvidan los temas básicos para ser mejores personas y por lo tanto, dar de lo mejor de nosotros para que nuestras sociedades encuentren la armonía y el bienestar que cobija nuestras propias busquedas.

El Texto de Textos nos revela en Hebreos 5:11, “os habéis hecho tardos para oír”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                             COTIDIANIDADES… ¡nos trasformaremos!