Parece común que poco o nada reflexionemos al respecto de algunas situaciones que se nos presentan en el día a día, es más, simplemente las experimentamos cual automatas en el mejor de los casos y en otros, incluso, nos parece que ni siquiera las hemos vivido. Probablemente por ello en nuestras cotidianidades hacemos más énfasis en unos temas que en otros, al punto, que ciertos aspectos de nuestras existencias se convierten en prioritarios, mientras que otros ni siquiera logran el nivel de secundarios. No es gratuito que tantas personas esten sumidas en agudas depresiones, todo, porque en medio de ilusiones o expectativas no somos capaces de asimilar lo que reconocemos como nuestra realidad.

Una perla de Pitágoras afirma que, “no desprecies a nadie; un átomo hace sombra”.

Cuentan que cuando le preguntaron al experto en meditación los fundamentos para que predicara en todas partes, la necesidad de hacer ejercicios diarios y especulara, que gracias a ello las personas cambiarián aspectos muy importantes de sus vidas, este dijo: – tengo muy claro que el silencio profundo es la ausencia del egoísmo.

Y aunque no estamos promoviendo la meditación como ejercicio cotidiano, si pensamos que debemos sacar instantes en nuestro día a día para comprender, que los más importante es disfrutar de todo lo que constituye nuestras vidas y darnos para ello, a la tarea de valorar cada una de nuestras inter relaciones, teniendo siempre en cuenta que todo lo que nos acontece tiene una razón de ser y por ende esa vivencia hay que interiorizarla de mejor forma.

El Texto de Textos nos revela en I de Pedro 5:8, “sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el engañador, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                             COTIDIANIDADES… ¡nos trasformaremos!