Si somos atentos a las palabras que expresamos constantemente, nos podemos dar cuenta que algunas de ellas no son tan gratas o fraternales como deberían ser, y que por el contrario, estas pueden estar indicandonos la influencia de algunos pensamientos bastante incoherentes que vale la pena replantear o de lo contrario, estas seguirán reproduciendonse en nuestro ser magnificandose incluso, al punto de enfermarnos. Esta demostrado que nuestras palabras son muestra de los pensamientos que consolidan nuestras coexistencias y realidades, sin embargo las atendemos tan poco, que regularmente ellas siguen influenciando macabramente nuestros seres y las relaciones que a traves de ellas construimos.

Una perla anonima nos recuerda que, “todos tenemos problemas y todos estamos aprendiendo a vivir y lo más probable es que no nos alcance la vida para aprender lo necesario”.

Cuentan que en nuestras cotidianidades obviamos que regularmente todos los seres humanos tenemos una serie de palabras que salen de nuestras bocas constante e incluso inconscientemente, las cuales si nos detenemos a detallar, dicen mucho de nuestros pensamientos y de la misma visión que tenemos del mundo, no podemos obviar que las palabras cual semillas se plantan en nuestras mentes y las de los demás, lo que quiere decir que lo que expresamos termina siendo el fruto de dichas reflexiones.

Así las cosas debemos de tener mucho cuidado no sólo con lo que decimos, sino con aquellos pensamientos que dejamos se alojen en nuestras mentes y van de una u otra forma moldeando nuestras vidas y las de nuestros entornos.

El Texto de Textos nos revela en Habacuc 1:2, “¿hasta cuándo, oh Señor, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás?”

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                             COTIDIANIDADES… ¡nos trasformaremos!