Desafortunadamente estamos inmersos en costumbres sobreprotectoras que nos llevan más a esperar que se nos de, que a que nosotros seamos los que ofrezcamos lo mejor de nuestras capacidades físicas, mentales y espirituales para colocarlas al servicio de los demás, tal vez por ello, el mundo no funciona como debería, ya que hay cientos de personas dedicadas a quejarse y a reclamar y a dar muy poco de sí, cuando deberíamos todos asumir la invitación que nos hace a diario la misma Creación para que coloquemos nuestros dones al servicio de todos, siendo útiles a ese bienestar general que incluye lógicamente nuestro propio bien.

Una perla anónima nos dice que “en un mundo en tinieblas estamos llamados a dar de nuestra luz interior”.

Cuentan que el proyecto espejo de la aldea Rjukan situada a ciento setenta y cinco  kilómetros al oeste de Oslo, Noruega, ha conseguido que un gran rayo de sol de casi seisceientos metros cuadrados, lo equivalente a tres canchas de tenis, ilumine la plaza del pueblo. Esto debido a la necesidad que tiene ese poblado de luz solar pues es más el tiempo que viven en la oscuridad de la noche que del día. Y es que pese al escepticismo de las personas estas vieron como un gran número de espejos sirvieron para llevar la luz a su plaza principal y a parte de la ciudad, pues esta población solo recibe sol durante seis meses del año.

Los seres humanos tenemos la posibilidad de usar nuestra creatividad para el beneficio de todos o como sucede en algunos casos para nuestro bienestar particular, lo cual desdice de ese factor humano que nos debe llevar a ser útiles a la misma obra Creadora de la cual hacemos parte y por ende nos beneficiamos gratuitamente.

El Texto de Textos nos revela en el Cantar de los Cantares 8:7, “las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogaran los ríos”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                             COTIDIANIDADES… ¡nos trasformaremos!