Hay personas que aseguran que escuchan la voz del Señor y que Él les dice al respecto de algunas situaciones, lo cual no vamos a desvirtuar ni a confrontar en esta reflexión, sin embargo, si nos parece de importancia comprender que así no escuchemos de forma audible y clara la voz del Creador, diciéndonos cosas concretas, si estamos obligados a comprender que Él nos habla y nos guía no solo a través de su palabra, sino también de la misma Creación que desde su propia esencia, nos insinúa, si así lo queremos ver, cientos de posibilidades a seguir para consolidar la vida en armonía que regularmente le reclamamos en nuestras oraciones al Creador.

Una perla anónima nos explica que “la vida no deja de enviar señales, así que hay que obsérvalas y seguirlas”.

Cuentan que en una cotidianidad una persona le clamaba al Señor en la búsqueda que le demostrará su existencia a través de algo milagroso y extraordinario, al punto que le pedía que cuando estuviera orando, le tocara o se le apareciera. Por lo cual una amiga que sabía de dicha petición un día se le acercó en plena oración y le tocó con suavidad. Sin embargo al abrir de inmediato los ojos la incrédula peticionaria se molestó con su amiga y hasta le reclamó por quererse burlar de ella. A lo que la creyente amiga respondió: – por el contrario, siento que el Señor te está respondiendo tu petición a través mío, por eso hoy quise ser un instrumento del Creador para tu vida.

Y en efecto, la historia viene al caso para decirnos que el Señor usa lo que tiene más cerca a nosotros para enseñarnos y en el caso en referencia: a nuestros amigos, de los cuales deberíamos aprender a diario la importancia de adquirir mayor responsabilidad, afecto, disciplina y hasta amor hacia nuestros próximos.

El Texto de Textos nos revela en Romanos 13:11, “y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño, porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. La noche está avanzada y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas y vistámonos las armas de la luz. Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y libertinaje, no en contiendas y envidia”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                             COTIDIANIDADES… ¡nos trasformaremos!