Mucho se especula en todo lo relacionado a vivir bien, al punto que el mercadeo se dedica a diario a inundarnos de todo tipo de anuncios que ilusionan nuestras mentes con estilos de vida que aunque no podemos negar ofrecen estados de tranquilidad interesante, también se basan en visiones egoístas que incluso desembocan por dicho individualismo en sentimientos adversos que deterioran nuestras interrelaciones. Con ello no estamos intentando descalificar esos modelos, pero sí cualificarnos mejor hacia propósitos de vida que visionando lo colectivo promuevan una armonía que desemboque en un bienestar general en donde lógicamente se incluye nuestra individualidad.

Una perla de Fenelon nos reitera, “los más insolentes en la prosperidad son en la adversidad los más débiles y cobardes”.

Cuentan que cuando le preguntaron a una pareja que celebraba sus bodas de oro, al respecto de su matrimonio estos dijeron: – la relación de pareja es la mejor forma de encontrar la divinidad. Enamorarse románticamente es una experiencia espiritual; cuando uno se enamora, se confunde, pierde sus certezas habituales y ese es el primer paso para encontrarle sentido a su vida, pues ello es una sensación de ser vulnerable y estar expuesto, de estar dispuesto a la transformación, de tener el corazón liviano y de tener una canción dentro de uno.

Hay quienes entienden que la buena vida es una suma de estables relaciones que desembocan en una tranquilidad interior que proyectamos hacia lo exterior y por lo tanto gracias a ese fluir se logra un estado de bienestar general que motiva tanto nuestras propias existencias como la de aquellos seres con los cuales coexistimos.

El Texto de Textos nos revela en I de Samuel 16:7, “no mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque el Señor no mira lo que mira el hombre, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                             COTIDIANIDADES… ¡nos trasformaremos!