Hay quienes aseguran que el cuerpo es el templo del espíritu, entendiendo con ello que este es tan solo una especie de vehículo pasajero a través del cual nos movemos en esta dimensión física de la vida. Pero aun aceptando o no esta perspectiva debemos atender a este otorgandole nuestros mejores cuidados: los alimentos más saludables y frescos y las relaciones más fraternales y serviciales en la búsqueda que mantenga la armonía necesaria que nos hace sentir sanos. De lo contrario cada enfermedad, como llamado de atención nos esta insinuando la necesidad de atender más a este maravilloso regalo de la Creación que siendo o no estético para algunos, es realmente majestuoso.

Una perla anónima nos dice que, “hay que tener aspiraciones elevadas, expectativas moderadas y necesidades pequeñas”.

Cuentan que cuando el arquitecto ganador de uno de los premios más importantes por el diseño de casas altamente ecologicas y económicas, fue invitado a la escuela en donde aprendió algunos de los conceptos que aplicó en sus propuestas arquitectónicas, les dijo a los chiquillos que como él querian tener algo de éxito en sus vidas: – lo más importante no es ocuparnos de cuánto vamos a ganar, sino que todos nos demos cuenta que estamos edificando nuestra propia casa, en nuestro ser interior día a día, estemos o no concientes de ello, lo cual nos invita a preguntarnos si lo estamos haciendo con materiales malos y baratos.

En ocasiones parece que desconocieramos que nuestra primera y principal casa de habitacion es nuestro cuerpo y que aunque suponemos que este ya viene listo y que poco o nada podemos afectar su funcionamiento, somos nosotros los que a diario con todo lo que le retroalimentamos, disfrutamos de una casa agradable y con estructuras sólidas o de un espacio de hospedaje del que incluso queremos salir pronto.

El Texto de Textos nos revela en Juan 5:39, “escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                              COTIDIANIDADES… ¡nos trasformaremos!