Hay problemas que no tienen la dimensión que mentalmente les damos, por el contrario, estamos enseñados a magnificar nuestros dilemas y a minimizar nuestras bendiciones y dones, así que es el momento de dejar de atormentarnos y desconectarnos de aquello que solo esta haciendo ruido en nuestros seres e incrementando sus decibeles para alejarnos y distraernos de mejores posibilidades. Seguir pensando en una salida desesperada a algo que nos esta inquietando no es lo mejor, por lo que en esos momentos más bien debemos aislarnos hasta de nosotros mismos, buscando ojalá a una tercera persona que nos aporte y a la vez nos aparte de nuestros oscuros pensamientos.

Una perla anónima nos dice que “nunca se empieza de cero mientras antes se haya aprendido algo”.

Cuentan que en una cotidianidad la esposa vió como su marido regresaba a casa a diario, cargado de los dilemas de su trabajo, así que le hizo la siguiente propuesta: – esta mañana mientras me despertaba me llegó una pregunta: ¿por qué más bien no vaciar la mente?, por qué más bien no desocupar la mente para encontrar la claridad que nos permita solucionar todos esos dilemas que nos están asfixiando como familia. De esto se nos habla demasiado, así que aceptemos que no todas nuestras búsquedas y las respuestas que esperamos lleguen nos van a dar la razón. De hecho mientras pensaba en ello, entendí que si logro desconectar mi mente por un tiempo de aquellos problemas que me parecen letales, podré más adelante encontrar algunas nuevas y mejores salidas.

Desafortunadamente nos cuesta comprender que entre más pensemos en algo que nos esta atormentando, menos encontrarémos salidas, lo que implica el alejarnos por un tiempo de dicha situación para poder con la mente despejada encontrar mejores propuestas.

 

El Texto de Textos nos revela en I de Corintios 15:2, “si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                             COTIDIANIDADES… ¡nos trasformaremos!