El listado de alimentos que a diario se nos invita a consumir es cada vez más amplio, incluso algunos de ellos en sus etiquetas nos hablan de bondades para nuestro ser, sin embargo es de suma importancia además de conocer las propiedades con que fueron fabricados dichos alimentos, es necesario reconocer qué tipo de insumos requiere nuestro ser para su correcto funcionamiento. Y es que hay comida que ingerimos que no solo no nos nutre, sino que al acumularse en algunas partes de nuestro ser, debido a su difícil evacuación nos hace mucho daño, lo que nos invita a que no solo reflexionemos al respecto de tan importante tema nutricional sino que a la vez replanteemos el tipo de alimentos que ingerimos y la forma como lo hacemos.

Una perla de Jorge Luis Borges nos dice, “hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos”.

Cuentan que algunos expertos en almendras afirman que el consumo de estas, nos sirve para el cuidado de la piel, el pelo y uñas debido a que la almendra contiene vitamina B2, la cual ayuda a que las uñas y el pelo se fortalezcan y que la piel tenga una mejor hidratación. Seguramente por ello esta tan de moda el consumo de leche de almendra que es además facilísima de hacer: simplemente se deja remojar las almendras por la noche, al día siguiente se licuan con un poco de agua, luego se vierte la mezcla a través de una gasa, se exprime bien con las manos en una jarra y listo, hay quienes ademas agregan opcionalmente un poco de stevia como endulzante natural, la refrigeran y la consumen.

Y aunque son gustos y en algunas ocasiones hasta modas, si es de suma importancia el darnos cuenta que algunos alimentos que consumimos no nos nutren osea no nos entregan las proteinas, calorias o elementos que necesitamos para que nuestro ser funcione como debe ser, de allí la importancia de conocernos y a la vez reconocer de acuerdo a nuestro desgaste cotidiano, qué necesitamos consumir.

El Texto de Textos nos revela en el Salmo 17:3, “tú has probado mi corazón, me has visitado de noche; me has puesto a prueba, y nada inicuo hallaste; he resuelto que mi boca no haga transgresión”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                             COTIDIANIDADES… ¡nos trasformaremos!