Y aunque la respuesta es obvia, quizá la primer cualidad que debe tener quien asuma cualquier tipo de liderazgo, debe ser la honestidad, no solo para con los demás sino para con él mismo, ya que de lo contrario estará diciendo una cosa y haciendo otra, intentando disfrazar con mentiras sus búsquedas, generando con ello una cadena de dificultades que desembocan en actos de violencia y sentimientos adversos que muy pocos lideres son capaces de imaginar. Es claro que se hace incluso un poco complejo aislarnos de nuestras búsquedas personales, pero si ese es el caso, la mejor decisión que podemos tener es no asumir liderazgos públicos institucionales.

Una perla anónima nos dice, “hay que vivir con la incertidumbre y recibir sus sorpresas”.

Cuentan que en una de sus muchas conferencias paridas de prédicas dominicales que hacia en su Iglesia, el reverendo Martin Luther King, expresó: – una nación se sentencia a sí misma cuando sus gobernantes legalizan lo malo y prohíben lo bueno y cuando su iglesia cobardemente se vuelve cómplice con su silencio.

Desafortunadamente hemos obviado la importancia de un sano liderazgo e históricamente nos hemos dejado guiar por cientos de personas que solo están pensando en su beneficio particular y por ende en obtener recursos y privilegios, sin importar los nefastos resultados que ello significa incluso en quienes confiaron en su liderazgo.

El Texto de Textos nos revela en Juan 11:49, “Entonces Caifás, uno de ellos, sumo sacerdote aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada; ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                             COTIDIANIDADES… ¡nos trasformaremos!