En el día a día aprendemos de cada persona con que interactuamos y a la vez de cada circunstancia con la que nos interelacionamos, lo que quiere decir que ese cruce de voluntades va mucho más allá del mundo de la información, ya que nos colocamos en común con los demás y por lo tanto nos integramos en una Creación que pretende que ese vínculo sea cada vez más sólido. Sin embargo y aunque en algunos momentos nuestros intereses parecen contrarios a este proposito de vida, poco a poco vamos haciendonos concientes de ello y por lo tanto, vamos accediendo a alcanzar ese objetivo macro al que denominamos amor, pero que sin embargo siendo un fin de todos, no lo convertimos en prioridad, debido a las múltiples distracciones que nos sofocan. Más la misma vida se encarga de colocarnos en ese fluir maravilloso y guiarnos en los caminos de la fraternidad y el servicio, preceptos básicos del amor.

Una perla anónima nos reitera que “afortunadamente hay quienes disfrutan de agregarle algo de valor a las vidas de los demás”.

Cuentan que cuando la madre escuchó decir a su hija que se había enamorado de un chico, le preguntó el por qué hablaba de amor, si realmente debía hablar era de gusto, así que le recordó: – cuando alguien nos gusta por su físico, deberíamos llamarle simplemente atracción o hasta pasión, pero no amor, incluso si nos gusta por su inteligencia, quizá sea solo admiración, es más, si nos gusta por sus bienes o riquezas, seguramente eso es solamente interés pero si en el fondo uno entiende que no puede determinar el por qué le gusta tanto esa persona probablemente ya puede decir que esta aprendiendo a amar.

Se habla demasiado del amor pero lo cierto es que parece que poco sabemos de ese vínculo perfecto debido a que en nuestras sociedades confundimos este fluir con todo tipo de sentimientos que incluso desdicen de lo que realmente debe ser el amarnos. Seguramente por ello la vida nos entrega una buena cantidad de instantes e interrelaciones para que aprendamos del verdadero amor.

El Texto de Textos nos revela en Juan 17:14, “yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                             COTIDIANIDADES…                                                                             ¡nos trasformaremos!