Hay quienes se dedican a observar los comportamientos de los demás y de acuerdo a estos logran determinar incluso qué dilemas y enfermedades pueden estar padeciendo dichos seres o más adelante sufrirán estos. Es más y dentro de esa misma perspectiva, en otros casos y de acuerdo a nuestras descargas emocionales hay quienes diagnostican las enfermedades que nos pueden estar afligiendo y los tratamientos que se deben seguir para que ello no nos siga afectando, por lo tanto, lo ideal sería el aprender a observarnos más, logrando incluso escucharnos más nosotros mismos y permitirnos así nuevos momentos a diario en donde la reflexión nos posibilite el reconocernos mejor y así entender lo que inconscientemente nos esta sucediendo y con esos insumos a la vez permitirnos hacernos más conscientes de los cambios que requerimos.

Una perla anónima nos reitera que, “la enfermedad no es mala, simplemente es un aviso para que reorientemos nuestras vidas en otra dirección”.

Cuentan que cuando le preguntaron al terapeuta al respecto de por qué le era tan fácil diagnosticar algunas enfermedades, si ya existían patologías comunes, este dijo: el cuerpo habla, por ejemplo, el corazón afloja cuando el sentido de la vida parece terminar, la alergia aparece cuando el perfeccionismo esta intolerable, las uñas se nos quiebran cuando las defensas están amenazadas, la presión sube cuando el miedo aprisiona y hasta las neurosis nos paraliza cuando el niño interior que tenemos tiraniza.

Y aunque para estos casos se dice que la lista de síntomas es mucho más amplia y además la suma de enfermedades que generamos nos llevan a otro tipo de nuevos conflictos que son un poco más complejos de diagnosticar y a la vez de sanar, se trata en todo caso de darnos la posibilidad de entender que hay una serie de emociones y de sentimientos que nos enferman, pero que dichos llamados de atención pueden verse mejor como oportunidades de crecimiento.

El Texto de Textos nos revela en Filipenses 4.6, “por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante del Creador en toda oración y ruego, con acción de gracias”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                               COTIDIANIDADES…                                                                             ¡nos trasformaremos!