Si nos permitiéramos vislumbrar por unos instantes a nuestras mentes y seres, cual si fueran una especie de botaderos de basura, en donde a cada instante depositamos todo aquello que debiendo desechar, no solo nos contamina y carga debido a que no nos es útil, probablemente con el paso de los años nos daríamos cuenta de la enorme cantidad de residuos que tenemos y del daño ambiental interno que nos estamos haciendo, por lo que desde dicho nuevo conocimiento seguramente buscaríamos la forma a diario de desechar o por lo menos reciclar ello, para darle un mejor uso a todo aquello que ya reconociendo como dañino, debemos aprender a evacuar de nuestro ser, debido a que no es sano conservarlo, guardarlo y menos mantenerlo allí en nuestro presente, incluso disfrazándole de recuerdos. Y es que toda sobre carga depende exclusivamente de nosotros, siendo lo más coherente, evacuar: descargarnos.

Una perla anónima nos explica, “las palabras sobran cuando lo que hay que decir desborda el alma”.

Cuentan que cuando la madre observó a su hija llorando por la perdida del examen y quizá la posibilidad de perder la beca que tanto necesitaban como familia, esta la abrazo y le dijo: – cada vez que sucede algo malo, uno puedo escoger entre ser una víctima o aprender de ello y, yo te invito a que escojamos aprender de ello. Siempre te he dicho que cada vez que alguien viene a nosotras para quejarse, debemos tratar de no aceptar su queja, sino mas bien de señalarle a ese ser el lado positivo de la vida y por ello hoy quiero que escojamos ver otra perspectiva y es que tendremos nuevas oportunidades y mejores aprendizajes si así nos lo permitimos.

Es necesario por ello desinfectar nuestro ser y comprender que los conflictos y las adversidades como el polvo y la suciedad deben ser arrojados al cesto de la basura. Tal vez no existan lugares físicos acondicionados para botar todos aquellos impases que nos enmugran, pero tampoco debemos pensar que nuestro ser es el mejor espacio para depositar dichos residuos. Es más hasta el llamado a reciclar debe ser simplemente una visión de aprendizaje y crecimiento, que implica usar lo aprendido y no vivir con tanta basura interior.

El Texto de Textos nos revela en Juan 4:34, “Jesús les dijo: mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                COTIDIANIDADES…                                                                               ¡nos trasformaremos!