Se nos inciste mucho en que hay virtudes que debemos cultivar en el día a día, hasta convertirlas en hábitos y este es el caso de la paciencia, que incluso en pro de alcanzarla la vida regularmente nos lleva a vivenciar una serie entornos en donde regularmente tenemos que soportar algún tipo de enfermedad o dificultad, con tal que al final comprendamos y atendamos los llamados y alertas que se nos hacen para interiorizar tan bello precepto. Quiza por ello el principio de la paciencia en su todo, nos invita a mantenernos en paz a cada instante alejándonos para ello de tantas expectativas que nos distraen y separan hasta de nosotros mismos. Y con ese insumo otorgado por la paciencia asumir el maravilloso reto de percibirnos un poco más alejados del tiempo para poder visionarnos además como seres libres de tantos apegos y ataduras que nos consumen.

Una perla de Benjamín Franklin asegura: “las tres cosas más difíciles en este mundo son, guardar un secreto, perdonar un agravio y aprovechar el tiempo”.

Cuentan que la obra maestra del escultor Miguel Ángel, no fue una idea original suya realmente, sino que un día iba caminando cuando encontró una pieza de mármol que había dejado tirada en la calle otro escultor, Agostino de Antonio, quien cansado de no poder encontrar nada valioso en esa roca, la tiró. Sin embargo dicen los historiadores que aunque Miguel Ángel también tubo algunas frustraciones con dicha pieza, como las que vivió De Antonio, persistió, hasta encontrar los puntos perfectos y la intensidad ideal para dar golpes acertados que terminaron por esculpir tan magnánima obra maestra.

Y es que la paciencia es una virtud a la que poco le apostamos, pero que deja grandes frutos, máxime en un mundo acelerado en donde anhelamos resultados a corto plazo y para los cuales no nos esforzamos de a mucho, ya que trabajamos bajo preceptos triunfalistas, que anhelan esos resultados inmediatos, tan rápidamente como se pueda, sin importar incluso, que con ellos se pueda lastimar a otras personas que estaban en similares búsquedas a las nuestras.

El Texto de Textos nos revela en el Salmo 23:1, “El Señor es mi pastor, nada me faltará. En lugares de verdes pastos me hace descansar; junto a aguas de reposo me conduce. El restaura mi alma; me guía por senderos de justicia por amor de su nombre”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                        COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!