Mucho se nos habla de este término pero todo parece indicar por nuestras acciones que poco parece comprendemos lo que ello significa en todo su contexto, lo cual hace que sea de suma importancia el asimilar que en el fondo y aunque no existe tal entidad, conocida como: lo público, si es realmente importante asumir que lo público es algo que va meramente más allá de la suma de una cantidad de individuos, y por ello debemos comprenderlo más como la idea de un interés que hace que eso público nos incluya. Lo que quiere decir que lo público siempre debe estar por encima de los intereses y derechos privados, lo que asu vez nos debe motivar a comprender una máxima de la vida pública: que ya los intereses y derechos de algunos individuos no deben lograr tener la prioridad que en ciertas comunidades se les da sobre los intereses y derechos de todos los demás.

Una perla de Albert Einstein nos invita a ver que, “la luz viaja más rápido que el sonido. Por eso algunas personas parecen brillar hasta que abren la boca”.

Cuentan que cuando el bien común de una sociedad es considerado como algo inherte y supremo e incluso superior al bien individual de sus miembros, las cosas en general cambian debido a que desde dicha lógica el bien de algunos hombres ya no tiene la misma prioridad y enfasis sobre el bien de los otros seres, logrando finiquitar aquella consigna en donde se supone que ciertas personas hacen parte del estatus de los animales sacrificados.

Y aunque conceptos como el de estado, lo público y el bienestar general parecen no ser la prioridad de nuestras coexistencias pese a que vivimos por y para ello, valdría la pena que asumiéramos el reto de dejar a un lado tantos invididualismos y egoísmos y nos enfocaramos en empezar a pensarnos como partes integrales de un todo, al que afectamos con nuestras acciones u omisiones.

El Texto de Textos nos revela en Mateo 11:16, “mas ¿a qué compararé esta generación? Es semejante a los muchachos que se sientan en las plazas, y dan voces a sus compañeros, diciendo: Os tocamos flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no lamentasteis”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                        COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!