Hay momentos en que confundimos el amor con cierto tipo de apegos que nos llevan a adueñarnos de las personas a las que prodigamos ese bello afecto, quizá por ello nos cuesta tanto aceptar que esas personas también gozan de voluntad y que por lo tanto, tienen el mismo derecho nuestro a tomar sus propias decisiones como es el caso de nuestros hijos a medida que crecen. El amor es un vinculo que nos integra y no puede confundirse con un sentimiento que nos adhiere y que incluso suponemos solo tiene un sentido, el nuestro, haciendo que ese horizonte deba estar orientado solo hacia nosotros. Por el contrario, el amor debe prever un verdadero desapego para dejar que las otras personas, aún estando cercanas a nosotros puedan ser libres para encontrar sus propias vidas y en ese momento entender que quien ama simplemente acompaña desde la distancia el nuevo destino de ese ser a quien entregó sus mejores momentos.

Una perla de Shakespeare afirma que, “si todo el año fuese fiesta, divertirse sería más aburrido que trabajar”.

Cuentan que en una cotidianidad, la destrozada madre no se podía recuperar de la partida de su hija mayor, quien se fué aún adolescente a estudiar al exterior, por lo que su mejor amiga y conocedora también de lo que llaman el síndrome del nido vacío le dijo: – los hijos se crían para que se vayan, no para que se queden, tu trabajo es formarlos para que vuelen con las alas propias y aunque no quieras tendrás que prepararte para ello algún día.

Y aunque es válido que sintamos nostalgia por la partida de un ser querido, lo que realmente debemos revisar es el nivel de nuestros apegos ya que en algunos casos estamos tan equivocados que presuponemos que somos dueños de las demás personas y por ende de sus decisiones.

El Texto de Textos nos revela en II de Corintios 6:2, “porque dice: en tiempo aceptable te he oído, y en día de salvación te he socorrido. m He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación. No damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo, para que nuestro ministerio no sea vituperado”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                           COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!