Hay quienes creen que fue en la obra el Banquete de Platón escrita trescientos cincuenta años antes de Cristo que se habló por primera vez del concepto de la media naranja, incluso quienes advierten que allí se dan ese tipo de expresiones, aseguran que de ese mismo texto se dedujo la visión de: amor platónico, que aún en nuestros días se vivencia por algunos seres. Y aunque para entender la plenitud del concepto no se necesita del todo comprender la visión de quien como personaje funge de poeta trágico de dicha obra, si es importante aceptar que deberíamos buscar en otros seres esa otra mitad que nos complemente y que le de unidad a nuestras vidas ya que de eso es que se trata tal vez el amarnos.

Una perla anónima nos explica que, “el primer paso para mejorar algo es encararlo”.

Cuentan que cuando la poetiza fue auscultada al respecto del amor que la inspiraba, esta simplemente expresó: – siento que el amor no se elige, te elige, es por eso que un día te das cuenta que no puedes vivir sin ese ser al que sin darte cuenta le diste tu propia vida y entonces reconoces que ese ser, se convirtió en amor y ese vínculo te escogió, por lo cual simplemente nuestra única tarea a asumir, es la de dejarnos guiar por ese fluir.

Bella forma de entender el amor, ese que tantos debates nos crea a diario y que confundimos con cientos de emociones y sentimientos, pero que finalmente hace parte intrínseca de nuestras vidas y nos ayuda a encontrarle plenitud en nuestras existencias. Seguramente por ello uno de los principales propósitos que tenemos como especie más allá de procrearnos y mantener esta, es la de amarnos, lo cual le da lógicamente un sentido a nuestra convivencia.

El Texto de Textos nos revela en Juan 20:19, “cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros. Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor. Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                           COTIDIANIDADES…                                                                                    ¡nos trasformaremos!