Por algo que nos parece lógico, regularmente esperamos que nos vaya bien, incluso cuando no hagamos mayores esfuerzos para ello. Es más, cuando las cosas no concuerdan con lo que esperábamos simplemente descalificamos las circunstancias o a las personas que están envueltas en ellas, pero en muy pocas ocasiones nos damos cuenta que son nuestras falsas expectativas las que tienen que cambiar y que lo ideal sería trabajar más arduamente para poder obtener otro tipo de resultados. Y es que aunque digamos que la vida es injusta regularmente recibimos lo que necesitamos para nuestros crecimientos o en el peor de los casos, aquello que nos permitirá sacar lo mejor de nosotros y denotarnos más fuertes de lo que suponíamos.

Una perla anónima nos constata que “el calumniador envenena a tres personas: a el mismo, al que le escucha y a la persona de la que habla”.

Cuentan que cuando el deportista no quiso regresar a sus entrenamientos debido a que consideraba que por más que se había esforzado nunca había podido superar las marcas y por ende obtener triunfos en las competencias a las que había asistido, su entrenador le dijo: – no pienses que no pasa nada, simplemente porque no ves tu crecimiento o no escuchas el aplauso de quienes suponen deberían alagarte, ten presente que las grandes cosas casi siempre crecen en silencio.

Y aunque en ocasiones nos parece que pese a múltiples esfuerzos las cosas no cambian e incluso pensamos que los demás no perciben y no reconocen nuestros esfuerzos es importante comprender que no se trata tanto del aplauso de los demás como sí de la tranquilidad interior de saber que estamos haciendo las cosas bien y aunque nuestras expectativas no concuerden con la realidad debemos aprender a degustar el proceso y no solo sus frutos.

El Texto de Textos nos revela en Gálatas 6:9, “no nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                             COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!