La lista de pasiones y emociones es cada día más amplia pero en el fondo no dejan de ser distractores con respecto a una serie de responsabilidades que hemos convertido en cargas. Así las cosas parece más que normal que prefiramos algunas de estas actividades emocionales por adictivas que sean a asumir espacios de dialogo, de compartir o simplemente de acompañarnos con esos seres que en algún momento fueron parte de ese listado de satisfactores e incluso prioridades que alentaban nuestras emociones. La mayoría de nuestras sensaciones nerviosas dependen lógicamente de motivaciones interiores que nosotros mismos visionamos como placenteras y por ende convertimos en deseos, así que vale la pena dejarnos guiar menos por este tipo de emociones y más por las razones que deben convertirse en centro de nuestras coexistencias para convivir mejor con nuestros próximos.

Una perla de Harold MacMillan nos dice: “deberíamos usar el pasado como trampolín y no como sofá”.

Cuentan que cuando la pareja decidió separarse por lo que consideraban falta de amor, por parte de uno de ellos, quien además argumentaba que esa llama se había apagado producto de la rutinaria vida que estaban llevando, el juez que llevaría el caso antes de darle tramite a este les comentó: – siento que están equivocados, lo que fenece es la pasión ya que el verdadero amor consiste en hacer feliz a alguien, como te gustaría que te hicieran feliz a ti, porque ese amor, que difiere de cualquier sentimiento o emoción pasajera, va entendiendo que es un vínculo que siempre será recíproco.

Desafortunadamente muchas parejas se unen simplemente guiados por sus emociones, dejándose llevar por la ceguera de la pasión y no por el ideal de consolidar una familia y todo lo que ello significa. Por lo que sería bueno que nos diéramos cuenta que el amor se fortalece día a día cuando dejamos nuestros propósitos egoístas y asumimos ese reto común de hacer feliz al otro y a la vez al mismo mundo, dando lo mejor de nosotros.

El Texto de Textos nos revela en Génesis 3:6, “Y dijo el Creador: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                           COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!