Poco o nada nos damos cuenta del poder de nuestras palabras, las cuales no solo crean sino que recrean nuestras realidades. Por lo cual una simple expresión y las tonalidades y gestos que acompañen esta, pueden incluso agredir más a otro ser humano que si lo hiciéramos con nuestras manos, golpeándoles. Visión que nos debe llevar a cuidarnos no solo del significado que para nosotros puede tener un término, sino de las traducciones que cada persona puede hacer de estos mensajes, debido a su proceso formativo y a las costumbres que le daban uno u otro significado a la misma palabra que para nosotros puede significar algo distinto. Se trata entonces de hablar menos, de evitar hablar por hablar, de pensar antes de hablar y además de usar nuestro lenguaje para agradar a los otros.

Una perla anónima nos recomienda, “deja de ser quien eras y trasformaste en quien realmente eres o quieres ser”.

Cuenta que cuando el hermano menor le dijo a su hermana mayor que era una idiota, la madre le llevó a un lado y allí le recordó que aunque es una palabra grotesca, que no se le debe decir a nadie, en el fondo casi todos actuamos en algún momento como idiotas ya que ese término hace referencia a algo privado, a algo especial, algo que nos es propio, incluso a algo excéntrico. Por lo que un idiota piensa y funciona de una manera excéntrica.

Son términos, que en ocasiones usamos sin comprender realmente su significado, incluso en algunos momentos los dejamos salir como parte de expresiones sin sentido y por ende, sin darnos cuenta de lo que decimos y menos de los efectos que podemos estar generando. Así que vale la pena que la próxima vez que queramos hablar nos tomemos el tiempo suficiente para comprender el significado de dicho término y los efectos que puede generar ese mensaje en los demás.

El Texto de Textos nos revela en el Salmo 42:1, “como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Señor, el alma mía. Mi alma tiene sed del Creador, del Padre Celestial vivo”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                           COTIDIANIDADES…                                                                                     ¡nos trasformaremos!