Parece que nos ocupamos más de lo que el mundo nos debe dar a nosotros como especie que de lo que nosotros le demos dar al mundo. Y es que deberían formarnos desde nuestros primeros días de vida para intentar devolverle a nuestro planeta por lo menos un poco de todo lo que nos da al permitirnos retroalimentarnos de él, mientras que contrariamente además de quitarle y dañarle nos hemos propuesto históricamente depredarlo salvajemente atentando contra su armonía. Si tenemos identidad por un pueblo o aunque sea por nuestra casa y pertenencia para con nuestra familia, deberíamos entonces ampliar ese espectro de valores para llevar ese tipo de sentimientos no solo a todos los seres vivos con los que coexistimos sino a la vez con este mundo que necesita que si no le damos lo mejor de nosotros por lo menos no saquemos lo peor de nuestra especie contra él.

Una perla de León Tolstoi afirma que, “el verdadero amor supone siempre la renuncia a la propia comodidad personal”.

Cuentan que en sus cotidianidades un científico recibió una serie de honores por parte de los embajadores de diferentes países en donde él había nacido y habitado por mucho tiempo, por lo que este al preguntársele por parte de la prensa de dónde se sentía realmente, dijo: – si mis teorías científicas son validas, los del país en donde nací dirán que soy su orgullo, pues ellos me parieron, pero si no lo son en un futuro, los del país que hoy me reclaman como suyo dirán que solo soy un ciudadano del mundo para luego, ninguno de los dos territorios querer tal vez que yo sea identificado como su hijo”.

Y es que aunque esta historia hace parte de un chiste común de esos que nos dicen, que regularmente esas disputas territoriales no tienen sentido, sí es valida esta reflexión para hacernos comprender que somos ciudadanos del mundo y no solo de un territorio específico que si bien nos aportó para nuestro crecimiento no podemos desligarlo del todo, al cual nos debemos.

El Texto de Textos nos revela en Éxodo 3:15, “además dijo el Creador a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: el Creador el Señor de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con Él se me recordará por todos los siglos”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                           COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!