No podemos negar que lo exterior afecta nuestro interior y que por ello en ocasiones cuando logramos trasformaciones físicas o en nuestros hábitats las cosas mejoran un poco, sin embargo tampoco podemos obviar que hay cambios que gracias a esas influencias exteriores se deben dar en nuestros seres interiores, que es en donde realmente nos afectan y hasta infectan las cosas. La vida nos invita a diario a comprender que todo lo que nos sucede en lo exterior es de alguna forma una proyección de lo que estamos interpretando en nuestro ser interior, por lo cual la principal labor que debemos hacer es la de trabajar ese ser humano que esta adentro de nosotros y que aun siendo influenciado por lo exterior debe tener el control para poder que esos cambios sean para nuestro provecho.

Una perla de Pitágoras argumenta: “una bella ancianidad es ordinariamente, la recompensa de una bella vida”.

Cuentan que cuando la suegra observó que su nuera abandonaba la casa de su hijo y se iba con sus nietos para otra ciudad, con el reto de empezar allá una nueva vida, le tomó del brazo antes de salir y le dijo con mucho cariño: – recuerda que nuestros problemas no son geográficos porque donde quiera que vayamos nos llevamos a estos con nosotros mismos, por ello debemos comprender que siempre la solución estará dentro de nosotros y no en ese nuevo lugar.

Hay quienes suponen que cambiando de ciudad algunos de sus problemas se quedaran en aquel lugar que se esta abandonando, pero ello no es del todo cierto, ya que esos dilemas o conflictos no hacen parte exclusivamente de un espacio físico, sino de nuestra dimensión mental, por lo que es sano comprender que el mundo esta en uno y que si se quiere que esos cambios generen frutos, debemos a la vez hacer cambios interiores.

El Texto de Textos nos revela en Eclesiastés 4:6, “más vale un puño lleno con descanso, que ambos puños llenos con trabajo y aflicción de espíritu”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                        COTIDIANIDADES…                                                                                    ¡nos trasformaremos!