Es probable que en nuestros tiempos mal denominados como modernos ya no se practiquen por lo menos públicamente este tipo de ejercicios a través de los cuales se agredía o hasta mataba a ciertas personas, sin embargo, no podemos negar que simbólicamente muchas personas aún siguen tirando todo tipo de “piedras” y “rocas” mentales y visuales para agredir a los demás. Y aunque algunas de ellas no pasan de ser agresiones verbales y otras están disfrazadas con sometimientos y humillaciones, todas ellas siguen siendo expresiones que no tienen razón de ser, menos, cuando nuestras búsquedas como humanos tienen que propender por la vida, la convivencia y todo lo que ello significa.

Una perla anónima nos invita a que comprendamos que, “la vida es buena cuando uno esta feliz pero es mejor cuando los otros son felices por nuestra causa”. 

Cuentan que en una cotidianidad el líder les dijo a sus seguidores: – nos guste o no, siempre encontraremos piedras en el camino, pues las dificultades y los reveses de la vida siempre existirán, incluso no podemos decaernos tan fácilmente ya que algunas piedras son grandes y otras más chicas; pero todas son obstáculos inesperados, eventos no planeados o circunstancias fuera de nuestro control que pueden hacer que nuestros sueños se rompan en pedazos. Así las cosas ese cúmulo de piedras que ya vienen con su nombre tallado: errores, fracasos,  falta de voluntad, impaciencia, excusas, etc, no deben romper nuestras esperanzas que pueden llegar a desaparecer después del dolor, del fracaso, la vergüenza o el desaliento por lo que para que esto no ocurra tendremos que mover muchas de esas piedras de nuestro camino y la palanca que nos posibilitará sacarlas de la senda se llama: perseverancia.

La analogía literaria con las piedras es muy usada para significar la dureza del camino que recorremos y de algunas circunstancias en donde nos lastimamos, por lo que esa misma reflexión nos debe llevar a comprender que por duras que sean esas piedras y por fuerte que nos golpeen, si así nos lo proponemos, no podrán hacernos más daño que aquel que les permitamos.

El Texto de Textos nos revela en Zacarías 1:4, “no seáis como vuestros padres, a los cuales clamaron los primeros profetas, diciendo: así ha dicho el Señor de los ejércitos: volveos ahora de vuestros malos caminos y de vuestras malas obras; y no atendieron, ni me escucharon, dice el Creador”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                           COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!