Se entiende que una persona sapiente ha ido recopilando con el tiempo en su ser, una serie de conocimientos, ya sea como producto de su proceso formativo formal o informal o por sus experiencias, las cuales además aplica en sus palabras, reflexiones y acciones diarias. Y es que aunque podríamos hablar de diferencias de forma y de fondo entre el ser sapientes e inteligentes, lo ideal es comprender que todos los días aprendemos de algo o de alguien, pero no todos esos saberes adquiridos nos sirven para nuestra vida y los colocamos en práctica en las interacciones que se dan a diario, sino que por el contrario algunos de esos nuevos conocimientos no los usamos, los obviamos y por lo tanto no vamos adquiriendo esa sapiencia.

Una perla anónima nos reitera que, “guardar silencio puede ser muestra de sabiduría y prudencia, pero también un signo de temor y complicidad”.

Cuentan que en una cotidianidad el predicador quiso demostrarle a su congregación que existían algunas diferencias de fondo entre pedir inteligencia al Creador y pedir sabiduría, por lo que les expresó, “que la inteligencia es simplemente entender algunas cosas de la vida cotidiana con mayor claridad, mientras que la sabiduría es tener el entendimiento pleno de todas las cosas para desde dicha lógica actuar correcta y coherentemente”.

La vida se puede entender como una escuela de aprendizaje en donde todos los días y a cada instante se nos enseña algo, si así lo asumimos o de lo contrario, el día a día se nos va pasando y en vez de crecer, vamos como fruto de nuestras múltiples ignorancias, perdiéndole su sentido, sus propósitos y hasta su disfrute.

El Texto de Textos nos revela en II de Timoteo 4:17, “pero el Creador estuvo a mi lado, y me dio fuerzas, para que por mí fuese cumplida la predicación, y que todos los gentiles oyesen. Así fui librado de la boca del león. Y el Creador me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial. A él sea gloria por los siglos de los siglos”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                             COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!