Hay diferentes formas de evaluar los errores que por naturaleza cometemos, pero quiza la más compleja de esas visiones tiene que ver con aquellas valoraciones en donde aniquilamos nuestra estima suponiendo no solo que somos lo peor del mundo, sino que no podremos cambiar esa situación voluntariamente, lo cual es errado, ya que siempre la vida nos otorga oportunidades para mejorar, sin embargo debemos asumir esas trasformaciones incluso las que no coinciden con nuestras expectativas, con más coherencia y ahinco, comprendiendo que los grandes cambios dependen de pequeñas trasformaciones cotidianas en nuestros hábitos hasta lograr que esas acciones continuas, nos demuestren incluso que estabamos sumamente equivocados.

Una perla anónima nos comenta: “arriesgarse es perder momentáneamente el equilibrio, no arriesgarse es desequilibrarnos hasta perderse uno mismo”.

Cuentan que cuando le preguntaron al profesor al respecto de qué tipo de teorías le gustaba replicar en sus alumnos este expresó que el pensamiento de Nathaniel Branden el cual invitaba a las personas a que entendieran que “de todos los juicios que hacemos a lo largo de la vida, ninguno es tan relevante como el que hacemos sobre nosotros mismos porque este juicio es el motor de nuestra existencia”.

Postura que nos invita a ser un poco más compasivos con nosotros mismos ya que al descalificarnos, nos derrotamos, cuando la misma vida nos enseña es a cualificarnos ósea a hacernos mejores personas, a trabajar para que las cosas cambien, reconociendo que aunque tenemos errores podemos y debemos crecer gracias a estos, a medida que los vamos trasformando.

El Texto de Textos nos revela en Gálatas 1:3, “el cual se dio a si mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                             COTIDIANIDADES…                                                                                    ¡nos trasformaremos!