Hay quienes consideran que solo algunos momentos especiales de sus existencias son los que le dan un verdadero valor y sentido a sus vidas y probablemente bajo esa mirada solo disfrutan de sus vivencias en esos cortos instantes cuando estas coinciden con sus expectativas, logrando con ello que en parte las rutinas los asfixien y les den razones aparentemente de peso para perderle ese sentido que le debemos tener a nuestras coexistencias. El mundo nos ofrece a diario miles de interacciones que si sabemos colorearlas como oportunidades le dan ese sentido a nuestras cotidianidades sin embargo depende de nosotros si queremos seguir percibiendo todo desde la bipolaridad de lo blanco o lo negro.

Una perla de Rusiñol asegura: “cuando un hombre pide justicia es que quiere que le den la razón”.

Cuentan que cuando el creyente explicaba al respecto de su Ángel de la Guarda le decía a quienes le escuchaban: – que este ser de luz lo quería como uno de los hombres más ricos del mundo. Y ante las inquietudes que generaban este tipo de comentarios, el creyente concluía: – la riqueza celestial esta representada en el amor, el vinculo perfecto que nos acerca cada vez más con todo y con todos, por lo que lo que quiere mi Ángel es que yo aprenda más y más comprometiéndome con este fluir universal.

Estamos inmersos en una serie de creencias que nos llevan a homologar al amor a un sentimiento y a la vez a suponer que quien tiene riquezas, salud y la fraternidad desde esa lógica emocional es un afortunado, sin darnos cuenta que por el solo hecho de poder degustar de la vida y de todas las interacciones que ello significa, eso es la mayor riqueza que se nos da y que por ende todo nos debería proporcionar salud y bienestar.

El Texto de Textos nos revela Romanos 5:18, “Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                        COTIDIANIDADES…                                                                                    ¡nos trasformaremos!