Se cree que uno de nuestros errores más comunes tiene que ver con recaer en algo. Incluso se cree que ello se debe a que no aprendemos la lección, que nos ha querido dar la misma vida sino que nos quedamos con el sufrimiento innecesario producto de visionar herida nuestra estima. Se trata entonces de recibir el aprendizaje que nos aportó la prueba y vislumbrar en qué aspectos nos falta por crecer mucho más y a la vez, en qué otras cosas, sí estamos creciendo. De lo contrario nos quedaremos en quejas que simplemente nos reiteraran las decepciones y, sumidos en dichas depresiones no encontraremos la fuerza para levantarnos, sino que quizá nos arrastraremos en el suelo de la derrota hasta que descubramos que estamos muy equivocados.

Una perla de Shakespeare nos expresa que, “si todo el año fuese fiesta, divertirse sería más aburrido que trabajar”.

Cuentan que cuando su hijo llegó completamente derrotado, el padre espero el tiempo suficiente como para escucharle y aconsejarle. Cuando llegó el momento oportuno, el padre solamente escuchó quejas y además algunas comparaciones odiosas, en donde el joven incluso decía que había heredado la debilidad de su madre y no las fortalezas de este, así que el padre lo interrumpió y le dijo: – estas equivocado. En cientos de ocasiones por poco me rindo pero tu no te dabas cuenta de ello, pero luego que pasaba el duelo y en esa fuerte lucha conmigo mismo, empezaba a entender que los adversarios solo se encuentran en el lugar donde esta nuestra próxima victoria.

La mayoría de las circunstancias que nos acontecen nos invitan a crecer, sin embargo nosotros en ese momento que les estamos padeciendo no las entendemos así, probablemente porque nos enceguecemos en la desilusión, esa misma que nos esta diciendo que no se cumplieron nuestras expectativas impidiéndonos ver en esos momentos los aspectos en que debemos fortalecernos más.

El Texto de Textos nos revela en Romanos 8:26, “y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                             COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!