Las listas y clasificaciones al respecto parece que cada día es mayor, pero no se trata tanto de profundizar en ello, como si en entender que como en nuestras sociedades no se nos prepara para ser padres así vengamos ya equipados para ello, hay que asumir esa escuela como nos llega. Lo cierto es que hemos convertido el hecho de ser padres o conformar una familia en algo secundario mientras nos formamos por muchos años para desempeñar un oficio o consolidar una empresa. Desde dicha mirada es casi normal que muchos jóvenes no quieran consolidar un hogar y asuman el sexo como un acto placentero, con resultados complejos. Es necesario por lo tanto que replanteemos ese modelo mercantil que desde sus orientaciones nos esta llevando a que nuestros hijos no sean más que cargas o mercancías que se exponen por algunos momentos.

Una perla Martin Luther King nos expresa: “nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda”.

Cuentan que cuando el ocupado empresario fue obligado como padre a que asistiera a una reunión del colegio de su hijo, este llegó tarde y de mala gana, con afán y recibió un boletín que no ojeo rápidamente y que solo denotaba bajas notas, por lo que se fue furioso de allí y al salir, llamó a su hijo y le insultó telefónicamente. Sin embargo ya en su oficina su secretaria leyó el boletín que este había tirado y le dijo que con razón estaba tan molesto, si es que aunque era un exitoso empresario, como padre era un desastre de acuerdo a la evaluación que su hijo había hecho de él.

Hay personas que consideran que a sus hijos les deben dejar bienes y posiciones sociales altas para que no tengan mayores problemas en la vida y descuidan aspectos trascendentales como entregarle a esos seres lo mejor de su tiempo y de su ser para que esa persona pueda formarse de una forma correcta y coherente. Y es que hay algunos padres que son excelentes proveedores pero pésimos progenitores.

El Texto de Textos nos revela en el Salmo 27:4, “una cosa he demandado al Creador, ésta buscaré; que esté yo en la casa del Creador todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Creador, y para inquirir en su templo”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                           COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!