Y aunque no hagamos parte de costumbres egipcias por ejemplo, regularmente aspiramos dejarle a nuestros seres más queridos algunos objetos materiales, no solo para que nos recuerden sino para que puedan obtener frutos de ellos cuando ya no estemos, sin embargo esas y otras costumbres nos llevan quizá a obviar que más que dejarles algo a las personas que queremos, estamos llamados a entregarles en el día a día lo mejor de nosotros, lo cual se debe traducir en acciones gratas, fraternales y serviciales que hagan que cuando nosotros ya no estemos estos se puedan llenar con esos maravillosos recuerdos.

Una perla anónima nos invita a entender que, “lo que hace que una persona se ahogue no es caerse al rio sino el quedarse sumergido en el”. 

Cuentan que en mil novecientos cuatro un arqueólogo pudo descubrir la tumba de la reina de Egipto Nefertari la cual había solicitado se sellara su tumba con rejas, buscando que aun en la eternidad nadie pudiera sacarla de allí, sin embargo y pese a su deseo, que esta no debía abrirse, se dice que una bellota depositada en una canasta al lado de su cuerpo embalsamado fue germinando hasta convertirse en un enorme roble que no solo acabo con dichas rejas sino que permitió que esta tumba fuera encontrada.

Hay personas que en medio de sus confusiones presuponen que lo único que vale fue lo que lograron en sus existencias e incluso aspiran llevarse esos objetos con su muerte y construyen para eso sepulturas en donde creer poder perpetuarse llevándose tal vez la decepción o por lo menos sus familiares, que nada de eso tenia el valor que se le dio, ya que la vida necesita de nuestro aprecio pues no tiene precio.

El Texto de Textos nos revela en Gálatas 6:9, “no nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                           COTIDIANIDADES…                                                                                     ¡nos trasformaremos!