De acuerdo a un idioma común, el cielo, es aquello que cubre nuestro planeta, pero si profundizamos en algunas interpretaciones teológicas es el todo del cual hacemos parte. Y es que así como no reconocemos el aire del cual respiramos todos, tampoco logramos visionar todo aquello que nos cubre y que a la vez nos da las posibilidades de existir. Pero como es un tema complejo el intentar explicar lo que podría entenderse como inexplicable producto de nuestro sesgado y limitado idioma, lo mejor es proponernos aceptar que de lo poco que sabemos deberíamos asumir que somos seres interdependientes que cohabitamos en un espacio común del cual solo reconocemos una mínima parte, siendo entonces lo importante por ahora, el apreciar y valorar todas las interrelaciones de las que si conocemos.

Una perla del Talmud nos dice: “el mundo se halla desgraciadamente a merced de los necios”.

Cuentan que en una cotidianidad, al padre, su hijo le preguntó que por qué decían que el Creador estaba en los cielos, si estos eran muy lejanos e incluso pequeños frente al universo, por lo que este aprovechó un viaje en avión y le dijo: – los cielos o el firmamento como ves son todo lo que nos rodea y lo que se quiere decir en tu cuestionamiento, es que el Señor esta en todas partes, alrededor de nosotros, pero también como lo ves ahora, desde el cielo tiene la capacidad con su amor de verlo todo.

Y es que no estamos haciendo referencia solo a creencias sino a algunas interpretaciones que le damos a este tipo de reflexiones que rayan para algunos con lo religioso pero que realmente tienen que ver con nuestra vida, esa que nos debe llevar a entender que hacemos parte integral de un mismo todo del que desconocemos la mayoría de cosas pero al que nos debemos.

El Texto de Textos nos revela en Isaías 41:10, “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Creador que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                             COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!