Los seres humanos en algunos momentos de nuestras vidas presumimos. Incluso hay apartes de nuestras existencias que ese ego disfrazado de orgullo se acompaña de otra serie de sentimientos adversos que nos contagian de dichas posturas altivas y nos llevan a sentirnos más que los demás, al punto que terminamos diciendo algunas cosas de apariencia humilde pero actuando contrariamente a estas. El querer ser consecuentes con aquello que decimos y hacemos nos debe llevar principalmente a reflexionar a diario en todas las circunstancias que rodean nuestras vidas y las acciones u omisiones voluntarias que tomamos frente a dichas interacciones por lo cual debemos tener nuestros objetivos colocados más allá de nuestras propias búsquedas, usando para ello diversas sanas guías que reorienten nuestros caminos.

Una perla de Lao Tse asegura que “aunque diferentes en la vida los hombres somos semejantes en la muerte”.

Cuentan que cuando el prestigioso músico terminó uno de sus más especiales conciertos en donde el público asistente le aplaudió por casi cinco minutos, este llegó al camerino algo molesto, por lo que su manager le cuestionó al respecto, así que este le contestó: – de que me sirven los aplausos y la adulación del público que no conoce de la excelencia, cuando lo que quiero es el reconocimiento de mi maestro que todo lo sabe y que estuvo allí sentado pero ni siquiera me hizo un gesto grato.

Y aunque puede parecer una postura exagerada, es validad para quienes suponemos que lo importante es la adulación de quienes nos escuchan por ejemplo predicar al respecto de nuestro Padre Celestial, así no nos comportemos conforme a dichos preceptos, cuando de lo que nos deberíamos ocupar más bien es de lo que nos dirá más adelante nuestro Creador el cual incluso sabe lo que tenemos en nuestro corazón.

El Texto de Textos nos revela en el Salmo 86:10, “tu eres grandes y hacedor de maravillas; solo tu eres mi Creador”. 

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                            COTIDIANIDADES…                                                                                    ¡nos trasformaremos!