El engendrar un hijo es mucho más que un acto sexual en donde se intercambian unos cromosomas, a ello debemos sumarle todo un proceso histórico físico y mental que funde las experiencias, vivencias, cuerpos, costumbres, en fin, las vidas mismas de por lo menos siete generaciones distintas antes de ese ser y en algunos casos con posiciones opuestas, que dan luz a esa nueva personita, quien además debe recibir toda esa amalgama de información y construir con esos insumos su propio proyecto de vida: tarea ya de por sí compleja. Bajo esa mirada lo genético, que aporta tanto la mujer como el hombre, son solo parte de los muchos insumos que recibe ese nuevo ser humano, al que se le debería legar lo mejor de lo mejor de sus ancestros y a la vez proponerse él mismo una vez ya maduro, dar lo mejor de si mismo para el crecimiento de nuestra especie.

Una perla anónima afirma; “la libertad está en ser dueños de la propia vida”.

Cuentan que la genética se basa en el estudio de nuestros orígenes, lo cual implica ir mucho mas del área de estudio científico en donde se busca comprender y explicar cómo se transmite nuestra herencia bilógica de generación en generación. Y aunque se trata de una de las áreas fundamentales de la biología moderna, la cual abarca en su interior un gran número de disciplinas propias e interdisciplinarias que se relacionan directamente con la bioquímica y la biología celular, no podemos olvidar que en ese gen como unidad de información, la cual parte del locus del acido desoxirribonucleico, abreviado como ADN, se nos pueden entregar más detalles de los que buscamos físicamente, ya que se ha demostrado que contiene en su esencia mucha más información.

Que maravilloso que comprendamos que todos los acontecimientos generacionales de una u otra forma afectan y hasta infectan las futuras existencias, por lo que hoy nosotros somos tanto todo aquello que pensaron, hicieron, compartieron y retroalimento las vidas de nuestros padres, abuelos y ancestros, como las realidades que repercuten directamente en nuestros seres, entendiendo estos como cuerpos, mentes y espíritus, lo que debe hacernos a nosotros más que responsables al respecto del futuro de las nuevas generaciones.

El Texto de Textos nos revela en I de Reyes 8:39, “tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, y perdonarás, y actuarás, y darás a cada uno conforme a sus caminos, cuyo corazón tú conoces (porque sólo tú conoces el corazón de todos los hijos de los hombres); para que te teman todos los días que vivan sobre la faz de la tierra que tú diste a nuestros padres”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                             COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!