El solo hecho que a la programación de la televisión se le denomine así, es ya de por sí algo muy diciente, allí se programan nuestros hábitos para que a ciertos horarios nos sentemos a recibir todo aquello con los cual quieren retroalimentar nuestras mentes y ello, es algo más que diciente para que nos demos cuenta de algunos perjuicios que nos pueden generar ciertos programas de televisión que por su alto contenido de violencia, sexo y hasta depredación nos pueden estar acostumbrando a que aceptemos ello como una realidad casi virtual de la cual solo nos percatamos realmente cuando se afectan directamente nuestras coexistencias. Así las cosas si las tecnologías se convierten en prioritarias para nuestras vidas no dejemos que las informaciones que estas emiten sean las que orienten nuestras cotidianidades exclusivamente.

Una perla anónima nos reitera que “la información sin formación deforma”.

Cuentan que cuando el creyente observó cómo la familia de su vecino estaba adicta a la televisión le preguntó a este que si dejaría entrar a su casa ladrones, drogadictos, bandidos e incluso prostitutas, por lo que cuando este le dijo que nunca, entonces el creyente le cuestionó: – pero haz dejado entrar a todos esos personajes a través de tu televisión y es lo que ven y están aprendiendo lenta e inconscientemente tus hijos y sin embargo no te quieres dar cuenta que les abriste la puerta de tu casa a ese tipo de enseñanzas.

Y es que aunque pueda sonar a fanatismo es válido aceptar que nos vamos acostumbrando a una serie de mensajes que se emiten a través de los medios masivos, los cuales van programando nuestras mentes. Lo triste es que algunos de ellos son altamente nocivos tanto que en parte son los responsable que algunas personas se comporten de una forma que solo cabe en dichos libretos audiovisuales.

El Texto de Textos nos revela en Juan 1:11, “a lo suyo vino, y los suyos no le recibieron”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                           COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!