Curiosamente en nuestro mundo la historia nos dice que algunos de los grandes pacificadores han sido a la vez los seres más guerreristas y bajo esa mirada parece que sus seguidores han pretendido a base de guerras, lograr la paz entre naciones, lo que en parte podría entenderse más como actos de sumisión que de trasformación. Lo cierto del caso es que los seres humanos no deberíamos agredirnos, menos matarnos y por el contrario gracias a nuestra capacidad racional deberíamos ocuparnos de acercarnos más y más, hasta integrarnos con la misma Creación a través de su obra. Seguir promoviendo otro tipo de búsquedas competitivas y egoístas no solo va en contra de nuestra esencia sino que además es una propuesta auto destructiva.

Una perla anónima expresa: “nunca te duermas sin un sueño pero tampoco te despiertes sin un propósito”.

Cuentan que cuando le preguntaron al objetor de conciencia el por qué promovía este tipo de pensamientos cuando en sus país cientos de jóvenes como él debían ir a la guerra debido a la historia de conflictos que había padecido su nación, este dijo: – la verdad es que prefiero ser un civil desarmado, pues entendí que la diferencia entre un civil y un militar, es que el primero siempre podrá si lo desea militarizarse, pero el segundo rara vez puede civilizarse.

Y aunque con esto no estamos ni a favor ni en contra de los objetores de conciencia y si en la búsqueda que los seres humanos entendamos que no necesitamos de las armas y menos de la guerra, anhelamos expresar con esta reflexión un ideal de armonía en donde asumamos que todas nuestras diferencias no solo son necesarias y por ende complementarias sino partes de esa identidad que nos hace únicos e irrepetibles.

El Texto de Textos nos revela en Isaías 1:18, “venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                               COTIDIANIDADES…                                                                                    ¡nos trasformaremos!