Hay personas que cuentan con cierto don aire algunas de esas travesuras de infancia, esas que probablemente no generaron mayores efectos en sus vidas e incluso bajo dicha mirada disculpan a sus propios hijos o a quienes como ellos ahora hacen otro tipo de actos molestos que consideran menores, sin embargo, lo ideal seria contar este tipo de recuerdos como hechos que no deberían acontecer y que fueron producto de nuestra falta de prudencia e incluso de una buena guía de nuestros progenitores. Intentando demostrarle a las nuevas generaciones que se trata de comportarnos de una manera coherente, correcta y consecuente, lo que no quiere decir no cometer errores, pero sí intentar que sea nuestra razón y no nuestra loca emoción la que nos reoriente.

Una perla anónima invita a que “los problemas no nos lleven a la desesperación sino a la oración”.

Cuentan que en una cotidianidad el alpinista fue invitado al colegio en donde incluso un día fue expulsado por no comportarse debido a las normas del plantel, con la esperanza que le compartiera a los chicos su nuevo modelo de vida, ese que ahora le estaba llevando a actuar coherentemente, así que este asumiendo la responsabilidad de dar un mensaje consecuente a las enseñanzas de la vida, una vez contó avergonzado apartes de su pasado, les dijo a los inquietos niños: – en este deporte he entendido que uno no escala la montaña para que todo el mundo pueda verle sino para que uno pueda ver realmente el mundo desde otra perspectiva.

Y es que en ocasiones nuestros egos e incluso algunas de las muchas distorsiones que se impregnan en nuestro ser como producto de las diversas malformaciones que nos legan nuestros padres, cuidadores y la misma sociedad, no nos permiten ver que nos estamos equivocando, sin embargo en algún momento debemos reconocer que estábamos errados y gracias a esa nueva hoja de ruta no solo cambiar el tumbo, sino denotarles a los demás que se pueden hacer las cosas de mejor forma.

El Texto de Textos nos revela en Isaías 38:17, “he aquí, amargura grande me sobrevino en la paz, mas a ti agradó librar mi vida del hoyo de corrupción; porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                           COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!