Mucho se habla al respecto del amor y aunque se tienen diferencias incluso de fondo en cuanto a lo que significa amar, lo cierto es que así sigamos predicando históricamente la importancia de amarnos parece que en el fondo, no queremos entender lo que realmente exige de nosotros ese vinculo perfecto el cual con su fluir nos invita a alejarnos de emociones o deseos pasionales y a entender el amor en su esencia, esa que nos debe integrar a la misma Creación. Amar a los próximos es por lo tanto, una tarea que deberíamos asumir como la más importante de nuestras cotidianidades asumiendo con ello que no existen excusas para acercarnos a todos aquellos seres vivos que complementan nuestras coexistencias.

Una perla de Voltaire nos recomienda, “apiadarnos de las desdichas de los amigos, lo cual esta bien, pero nos incita a que les socorramos, ya que ello estará mejor”.

Cuentan que Nezahualcóyotl más conocido como el “coyote”, fue un monarca del antiguo estado Maya de Texcoco en ese México antiguo, que pasó a la historia más que por ser el principal aliado militar y político de los mexicas, por la construcción de algunas pirámides que aún hoy deslumbran a quienes no se explican, como en las condiciones en que vivían esos pueblos y su supuesto “atraso” se lograron tales obras y adelantos. Pero quizá algo muy valioso de resaltar de dicha labor y de ese líder, es que este monarca describió en ellas a una deidad desconocida y que describió como aquel que “pinta las cosas con belleza”.

Históricamente los seres humanos le hemos dado diversos nombres a nuestras deidades e incluso algunas sociedades pese a tener creencias similares, han llamado a su Creador de una forma diferente a las otras, lo cual no desdice de comprender que nos debemos a un Ser Superior al que no hemos querido atender con su sugerencia más común: que nos amemos.

El Texto de Textos nos revela en Job 12:12, “en los ancianos está la ciencia, y en la larga edad la inteligencia”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                           COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!