La felicidad se entiende como un estado de animo, como una emoción que regularmente se genera por una motivación exterior que provoca en nosotros ese impulso parido desde nuestro interior. Por lo que se podría pensar que para que se de la felicidad, debe existir una condición interior que nos proyecta esa satisfacción que aun siendo de carácter subjetivo logra despertarnos una serie de motivaciones que incluso llenan de paz nuestras existencias, lo que hace que entendamos una diferencia de fondo entra la felicidad plena y la alegría temporal, esa que simplemente nos provoca alguna sonrisa pero que desaparece tan rápidamente como el impulso que le promovió.

Una perla de Watersson nos dice: “a veces creo que la prueba mas fehaciente de que existe vida inteligente en el universo, es que nadie ha intentado contactarse con nosotros”.

Cuentan que cuando la abuela cumplió sus ochenta años le preguntaron al respecto de cuál había sido su deseo, cuando ella soplo el pastel, al que su familia curiosamente solo le había colocado una vela y ella expresó: – desde cuando empecé a tener uso de razón en cada onomástico le pedí a la vida que a medida que fuera envejeciéndome deseara el no intentar verme mas joven y por el contrario aceptar ese paso de los años sin luchar para no verme cada vez mas anciana permitiéndome ser más que feliz con esa suma de años y creo que eso lo he logrado por eso ya no pido nada diferente a sentirme satisfecha con lo que soy, tengo y hago.

Hay quienes suponen que la juventud es sinónimo de alegría y de una buena vida, obviando que incluso algunos jóvenes terminan suicidándose porque no le encuentran sentido a sus existencias, por lo tanto, lo que debemos intentar realmente no es una eterna juventud, como sí una permanente felicidad pese a cualquier tipo de circunstancias.

El Texto de Textos nos revela en Juan 14:1, “no se turbe vuestro corazón”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                        COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!