Y aunque probablemente la mayoría responderemos que sí a esta inquietud y además explicaremos los propósitos en los que invertiremos dichos recursos y por ende las cantidades que deseamos para ello, es muy probable que también si se nos demuestra que por obtener ese dinero perderemos algunas de las personas o cosas valiosas con las que hoy contamos y que no se pueden adquirir con esa plata, desistiremos de ese sueño y por el contrario, reconoceremos que aunque el dinero se requiere para suplir algunas necesidades del día a día, una buena parte de nuestros satisfactores, necesitan más bien de sanas interrelaciones y de tener una tranquilidad y modelo de vida que nos genere armonía ya que el mundo de los deseos regularmente nos llena es de mayores satisfactores y además nos convierte en seres insatisfechos permanentemente.

Una perla anónima nos dicta que, “no te daña lo que te falta sino la creencia que lo necesitas”.

Cuentan que cuando el tío presumido llegó del extranjero a visitar a sus hermanos y quiso además enrostrarles a estos, su aparente fracaso por haber preferido quedarse en su país casi viviendo de las limosnas que deja el campo, la sobrina que estaba ahora liderando las labores de la finca para hacerlas más que productivas, aprovechó la cena en donde todos se encontraban para decirle a este: – no es lo que llevas en tus bolsillos lo que te hace un ser valioso, sino lo que dejas en el corazón de otros.

Y es que vivimos tan equivocados que le hemos puesto precio a casi todo, cuando la vida lo que nos invita es a ponerle aprecio. Incluso si nos detenemos un poco más a detallar el día a día, podríamos descubrir que no es con dinero que logramos la mayoría de nuestras satisfacciones, así nos hagan creer ello, sino simplemente con una nueva mirada de la vida.

El Texto de Textos nos revela en Tito 3:3, “porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad del Creador nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                           COTIDIANIDADES…                                                                                    ¡nos trasformaremos!