Regularmente cuando descansamos, estamos reponiendo nuestras fuerzas y energías para poder volver a retomar nuestras labores, sin embargo, lograr ese tipo de relajación en nuestra cama desconectándonos de todas esas actividades que regularmente en vez de recargarnos nos descargan, implican el poder levantarnos al día siguiente sin ningún tipo de agotamiento debido a que hemos dejado que nuestro ser y especialmente nuestro cuerpo, haga todo un proceso interior de recuperación que nos genere entre muchas cosas el deseo matutino de empezar de nuevo. Lo que quiere decir, que no es solo recostarnos en una cama, sino sobre todo intentar entrar en un estado de relajación que tanto, en lo físico, lo mental como lo espiritual nos permita recobrar las energías que perdemos debido a nuestras diversas actividades cotidianas.

Una perla anónima nos dice, “que el mundo no es tanto de los que se levantan temprano, sino sobre todo, de los que se levantan felices”.

Cuentan que cuando le preguntaron al terapeuta al respecto de cuánto tiempo deberíamos dormir, este dijo: – se nos recomienda el dormir por lo menos ocho horas diarias, entre otras cosas porque entre la tercera y quinta hora de ese sueño, la mayor parte de nuestro flujo sanguíneo se concentra en nuestro hígado, el cual inicia un proceso de desintoxicación, que logra descomponer y neutralizar las toxinas corporales acumuladas a lo largo del día, incluso, todo ello gracias a un reloj bilógico que hay en nuestro ser y que nos ayuda a regular otras funciones vitales, que en ocasiones interrumpimos por el desconocimiento de nuestro ser el cual es un templo del espíritu que irradia vida.

Que maravilloso que nos ocuparamos más de nuestro ser en general, comprendiendo todo lo que este significa en su integralidad, con las funciones que cada uno de los sistemas tiene y la forma como debemos retroalimentar estas para coexistir en plena armonía con nosotros mismos y la Creación.

El Texto de Textos nos revela en Proverbios 18:21, “la muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                          COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!