Literalmente deberíamos medir los efectos de nuestras palabras para evitar herir las vidas de nuestros próximos. Y es que una simple frase por pequeña que nos parezca puede fortalecer la existencia de otro ser o incluso derrumbarla. Bajo esa mirada se hace necesario que pensemos muy bien antes de decir algo y hasta proyectemos los posibles efectos de esas palabras que usamos, incluso para con nosotros mismos. Ya que estas expresiones pueden estar lesionándonos internamente al punto de acabar con nuestra estima. Una vez tengamos en claro, qué lenguaje es el que retroalimenta nuestras existencias, entonces debemos ir cambiando aquellos términos, que no nos hacen mayor bien, por otros que seguramente nos permitan tener una mejor perspectiva de nuestras existencias y a la vez, alcanzar sanas y mejores relaciones con todas las personas que querrán a diario escucharnos.

Una perla anónima nos expresa: “equivocarse es un defecto de todos, pedir disculpas tristemente es una virtud de pocos”.

Cuentan que cuando el predicador le argumentó a los fieles que todo se había Creado con la palabra y que por lo tanto, nosotros deberíamos usar tan poderosa herramienta para también crear nuestro mundo ideal que anhelábamos y recrearnos en él gracias a aquello que expresamos a diario. Uno de los asistentes a dicha reunión se quejó con él, debido a que consideraba que eso no era tan cierto. Así que el predicador además de invitarle a que no blasfemara, le reconvino: – ten en cuenta que si las palabras tienen poder, imagina lo que logramos si en vez de quejarnos hacemos una oración de fe.

El ser humano habla por hablar y pocas veces se da cuenta del profundo significado que tienen para él mismo sus pensamientos y palabras, incluso, poco valora el efecto de algunas expresiones en sus seres cercanos, lo que nos debería invitar a cuidarnos mucho de lo que decimos ya que esas palabras no solo están afectando nuestras vidas sino que posiblemente pueden estar infectando las de los demás.

El Texto de Textos nos revela en Efesios 4:31, “quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como el Creador también os perdonó a vosotros en Cristo”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                        COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!