El amor verdadero implica dar y por ende no sabe de tiempos, ya que siempre y a cada instante debemos estar dispuestos a otorgarnos fraternalmente a los demás. De allí que la vida en pareja es una invitación no solo a compartir los planes, esperanzas, sueños, cuerpos y vidas entre dos personas, que anhelan forjar una relación estable en conjunto hasta que la muerte los separe, sino que implica una interacción permanente que se llena a diario de palabras gratas, de sonrisas, de miradas, de pequeñas alegrías e intimidades que alimentan incluso el poder superar los momentos de prueba. Por ello cada día dentro de dichos propósitos, debe entenderse como un aniversario de bodas en donde los 50 de oro, los 25 de plata o el día a día de algodón, son una oportunidad más que para festejar, para renovarse como personas y pareja.

Una perla anónima nos recuerda que, “entre más cerca esta la pareja del Creador el vinculo del amor provocará mas unión”.

Cuentan que cuando el esposo le entregó a su esposa como celebración de los 25 años de casados un viaje para que ella se reencontrara consigo misma, le dijo: – qué más pedirle al Creador algo, que ya no me lo haya dado a tu lado, en esta fecha le rogaba que abriera sus mentes y seres para atender su misión de valorasen cada vez más. Y concluyó el esposo: – serán algo así como cuarenta y ocho días, mil ciento cincuenta y dos horas, sesenta y nueve mil ciento veinte minutos, cuatro millones ciento cuarenta y siete mil doscientos segundos que llevados a instantes descontaré uno a uno, a la espera de volverte a tener para abrazarte, besarte, escucharte, saberte a mi lado, aún en mis silencios, degustando de la certeza que siempre estas ahí, complementándome.

Sí la vida esta llena de momentos que debemos disfrutar al máximo, al lado de nuestros seres queridos y parejas, entendiendo que con ello, no se gana solo en individualidad sino que incluso en la soledad nos debemos permitir espacios para reencontrarnos con nosotros mismos y como comunidad para sanarnos, dejando a un lado todos esos fantasmas, miedos y hasta nuestros peores recuerdos. Por ello lo ideal es que en cada una de nuestras celebraciones oremos para que cada bendición disfrazada de festejo nos permita crecer mucho más como personas y parejas.

El Texto de Textos nos revela en el Salmo 127:1, “si el Creador no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                          COTIDIANIDADES…                                                                                    ¡nos trasformaremos!