Y aunque podamos hacer un largo listado de bienes y hasta probablemente quisiéramos demostrar esa propiedad con una serie de títulos, es claro que si nos dijeran que mañana vamos a fallecer, entenderíamos que nada de eso nos pertenece, ni siquiera nuestro cuerpo, lo que quiere decir que probablemente con esa absoluta claridad nos ocuparíamos de otra serie de cosas quizá más importantes. En el fondo no somos dueños de nada y esa visión histórica equivocada de apropiarnos de todo, solo nos ha llevado a agredirnos y maltratarnos, dándole incluso a esos objetos más valor que la vida misma, sino que nos ha guiado en una perspectiva egoísta de dominio que debe ser reemplazada por una nueva mirada que incluso sea más coherente con nuestra realidad de mayordomos y visitantes temporales de este planeta.

Una perla anónima nos alude que, “quien te ataca por la espalda, tiene muy claro que por delante no podrá”.

Cuentan que cuando le preguntaron al líder: el por qué estaba intentando construir una comunidad en donde nadie fuera dueño de nada, sino simplemente mayordomos de todo y en donde además, se comprendiera nuestra hermandad como especie. Este invitó a aquellos que le escuchaban para que reflexionaran al respecto de, para qué seguir cometiendo el mismo error histórico de considerarnos propietarios de la tierra, cuando la verdad de las cosas es que nosotros somos de la tierra, sí: ella es nuestra dueña y formadora nuestra, lo que quiere decir que a ella retornaremos.

El concepto de propiedad privada que ha predominado en los seres humanos históricamente es tal vez uno de los mayores errores que cometemos y que deberíamos revisar, ya que seguirnos intentando adueñarnos de aquello que no nos pertenece y que solo podremos disfrutar por un tiempo. Lo cual es nuestro mayor generador de conflictos y guerras.

El Texto de Textos nos revela en Colosenses 3:12, “vestíos, pues, como escogidos del Creador, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                           COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!