Todo parece indicar que la envidia hace parte de nuestras naturales emociones y que si la dejamos coger ventaja en nuestro ser, probablemente no solo sufriremos sus efectos sino de su lento pero seguro envenenamiento. Bajo esa mirada se trata de pensar antes de actuar entendiendo la gran cantidad de decisiones correctas que debemos tomar a diario, así como las que debemos corregir porque nos han llevado a estar donde no queremos estar. Lo que quiere decir que debemos valorar más, entendiendo que tenemos virtudes, diferentes tal vez a las de aquellos que de alguna manera admiramos y que por lo tanto, debemos potencializar estas, a la vez que aprender de todas aquellas cosas que nos puedan aportar esos seres, que aun considerando como excepcionales o afortunados, padecen de las mismas inquietudes y hasta dilemas que nosotros, simplemente que no nos las expresan.

Una perla anónima nos dice que “la televisión se puede comparar al caballo de Troya que dejamos entrar para invadir y aniquilar nuestros hogares”.

Cuentan que cuando la empleada de servicio quiso molestarse con su jefa, esta más que indignarse por el comportamiento de su subalterna la invitó a reflexionar y a que le contara lo que le estaba sucediendo. Por lo que además de sus quejas, la jefa se sorprendió de los reclamos que le hacia la empleada, con respecto a que no la consideraban en esa casa, especialmente por lo descuidados que eran todos en esa familia en temas de pulcritud y desorden. Así que una vez esta se desahogo y pudieron construir algunos nuevos acuerdos, la jefa le comentó: – todos por dentro estamos luchando una batalla que nadie conoce asi que nada es tan fácil para mi, como tú crees.

Tal vez nos inculcaron que había personas a las que por sus conocimientos, títulos, posición social, económica o alguna otra distinción, debíamos considerarles como superiores, y hasta dignas de una atención y estima especial, sin embargo no creamos que esas personas no pasan por situaciones incluso más complejas que las nuestras. Así que más que envidiarlas hay que mirar que aprendemos de ellas pero siempre buscando nuestro propio crecimiento.

El Texto de Textos nos revela en Joel 3:10, “forjad espadas de vuestros azadones, lanzas de vuestras hoces; diga el débil: Fuerte soy”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                            COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!