Quienes estudian los temas de las libertades humanas e incluso sus efectos y consecuencias, aseguran que uno de los más grandes propósitos que podemos fijarnos como especie, es el manejo de nuestra voluntad, especialmente para lograr que algunas emociones, programaciones milenarias, impulsos nerviosos y deseos complejos, no sean los que lideren nuestro inconsciente y podamos gracias al control de nuestro libre albedrio alcanzar una mayor coordinación de nuestra razón y con ello buscar, un modelo de vida más proactivo y menos reactivo. Sin embargo aunque la tarea pareciera fácil es bastante compleja, máxime cuando buena parte de nuestros actos aparentemente volitivos no lo son y por ende debido a ello nuestra convivencia depende además de esas voluntades generales inconscientes e inconsecuentes que olvidan su deber de propender por un bienestar general.

Una perla de Sor Juana Inés de la Cruz asegura que, “hasta el saber cansa, cuando es el saber por oficio”.

Cuentan que en el siglo XI el rey Canuto a sabiendas que era uno de los hombres más poderosos de la tierra solicitó que se pusiera su silla a la orilla del mar, mientras subía la marea, ordenándole a este frente a sus súbditos, que no le cubriera mientras estaba él en dicho espacio de tierra, aspirando según sus fieles seguidores que el mar, ni mojara sus lujosas prendas y menos sus pies. Sin embargo lógicamente ello no sucedió, por lo cual el rey con humildad le expresó a todos: – ¡que el mundo entero entienda que el poder de los reyes no existe, y solo es valido el de Aquel a cuya voluntad obedecen los cielos, la tierra y el mar”.

Históricamente los seres humanos hemos querido imponer en ciertos momentos nuestro libre albedrio para al final darnos cuenta que existe una voluntad superior a la que nos debemos y a la cual deberíamos entregarnos no solo para ser guiados coherentemente por esta sino para que nuestra convivencia sea realmente fraternal.

El Texto de Textos nos revela en Job 40:2, “¿es sabiduría contender con el Omnipotente? El que disputa con el Creador, responda a esto”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                             COTIDIANIDADES…                                                                                  ¡nos trasformaremos!