En ocasiones nos cuesta hacer un balance al respecto de lo que estamos aprendiendo y más, el entender algunas enseñanzas como lo que son, lecciones, asumiendo contrariamente estas como castigos cuando deberíamos rotularlas como pruebas de crecimiento. Lo importante entonces es atender cada una de esas lecciones que se nos ofrecen, haciendo reflexiones, ojala nocturnas al respecto de nuestras acciones y hasta omisiones y, a la vez de aquellos efectos causados por las acciones de los demás, especialmente esas que nos pudieron haber afectado para desde dicha mirada poder también asumir aprendizajes en donde más que calificar a los demás nos cualifiquemos con sus acciones. Por lo tanto, debemos revisar muy bien todo lo que se nos quiere enseñar en el diario vivir, intentando poner en práctica todo aquello que consideremos útil para nuestro bienestar, el cual es general.

Una perla anónima nos recuerda que, “se puede confiar en las malas personas: no cambian jamás”.

Cuentan que cuando le preguntaron a la mujer que le encantaba la poesía al respecto del amor, ella expresó que: gracias a él había aprendido que, los amores eternos pueden terminar en una noche, y que grandes amigos pueden volverse grandes desconocidos. Además que había aprendido que nunca conocemos a una persona de verdad y que el nunca más, casi nunca se cumple. Y concluyó ella diciendo que: incluso el para siempre, siempre termina, por lo que gracias a todas estas enseñanzas había aprendido que el que quiere puede y lo consigue y, que el que arriesga no pierde nada, ya que perdiendo también se gana.

Y es que la vida nos enseña a diario cientos de cosas si así nos lo proponemos, siendo de suma importancia el asumir reflexiones diarias en donde razonemos al respecto y logremos concretar todo este tipo de aportes que de lo contrario pasaran desapercibidos y en algunos casos se podrán convertir en grandes lesiones.

El Texto de Textos nos revela en Tito 3:3, “porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad del Creador nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                           COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!