Nos cuesta un poco entender que con nuestras palabras construimos los imaginarios de nuestros hijos y a la vez de esas nuevas generaciones, que aprenden a expresarse y a entender el mundo que les rodea gracias a toda esa amplia gama de expresiones que conforman nuestras cotidianidades. Lo que quiere decir que si anhelamos que esa nuevas generaciones aprendan de lo mejor de la vida y a la vez busquen una sana convivencia con sus próximos, debemos ocuparnos que las expresiones con las cuales les formamos sean coherentes y consecuentes a dichos propósitos. Sin embargo si revisamos nuestros discursos diarios e incluso la forma como nos referimos a algunos temas y hasta a nuestras propias vidas, podremos entender el por qué nuestros hijos y los seres con los cuales ellos coexisten a diario, se comportan de una forma así deseemos que lo hagan de otra.

Una perla anónima nos expresa que debemos tener “cuidado con el estrés, ya que más vale llegar tarde en este mundo, que llegar rápido y adelantado al otro”.

Cuentan que en una cotidianidad la abuela escuchaba como su hijo denigraba, maldecía y por lo tanto maltrataba a su familia, por lo que ya en la noche cuando percibió que todo se había calmado, llevó a su hijo a un lado y le dijo: – con el tiempo entendí que uno debe hablarle a sus hijos como si fueran las personas más sabias, amables, responsables, cariñosas y mágicas que uno ha podido conocer, ya que esa es la única forma que ellos podrán creer en lo que son y lógicamente en eso se convertirán.

Tenemos una mala tendencia a expresar con nuestras bocas una serie de palabras descalificadoras no solo para con nosotros mismos sino con los demás, lo que regularmente genera conflictos y a la vez que esos otros seres se sientan mal, cuando de alguna manera estamos es obligados a darles todo nuestro amor y comprensión a ellos, el cual se tiene que manifestar en expresiones gratas, amables y fraternales en todo momento.

El Texto de Textos nos revela en Isaías 41:10, “no temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Creador que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                           COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!