El conocimiento es tan amplio que deberíamos aceptar que entre mas conocemos de algo o de alguien menos sabemos. Incluso lo ideal es entender que entre más aprendemos más descubrimos lo ignorantes que somos y además lo infinito que es el conocimiento. Sin embargo y aun aceptando estas verdades hay personas que se creen más sabias que otras, tanto, que hasta se atreven a presumir de sus escasos y específicos conocimientos en un área, cuando deberían aceptar que hasta aquella persona que consideran ignorante tiene también conocimientos de los cuales podrían aprender. Se trata entonces de cambiar algunas de esas posturas equivocadas y permitirnos asumir el rol de aprendices, dispuestos a recibir en todo momento o lugar, de toda persona una enseñanza para nuestro crecimiento integral como seres humanos.

Una perla de Lao-Tse nos dice que, “cuando te des cuenta de que lo que le haces a otro, te lo haces a ti mismo, habrás entendido la gran verdad”.

Cuentan que en sus cotidianidades, Aristóteles pese a ser todo un erudito, descubrió que en algunos casos estuvo muy lejos de tener la razón y ejemplo de ello fue que afirmaba que los parásitos surgían mágicamente del intestino, o que los gusanos eran un producto directo del queso y hasta que una gran gama de insectos se generaban por sí mismos a partir del rocío de la primavera o del efecto de los días soleados y ventosos. Incluso se atrevió a decir que en el otoño otros insectos surgían del estiércol o del barro. Y fueron tantos sus desaciertos, algunos no reconocidos por él, que decía que del cieno surgían espontáneamente los ratones. En fin, erradas observaciones que sin embargo no desdicen en nada de sus muchos aciertos.

Nos cuesta comprender que no nos las sabemos todas y que además, en algunos casos el ego de suponernos sabios debido a nuestra petulancia, no nos permite aprender realmente como lo deberíamos hacer, en todo momento y en todo lugar.

El Texto de Textos nos revela en Filipenses 1:23, “porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                           COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!