Puede parecer un juego semántico pero más allá de visiones técnico teóricas, sí existe una enorme diferencia entre creernos personas sabias y el comprendernos como seres sapientes, de esos que colocan en práctica sus experiencias incluso para el bienestar general. Y es que quien busca la sabiduría regularmente soporta esta, en una serie de conocimientos teóricos, mientras que quien desea ser sapiente, anhela que todo aquello que aprende sea llevado a la práctica. Y aunque algunos seres humanos se sienten sabios como producto de saber o conocer sobre un tema, gracias a sus estudios, lo ideal es reconocer que aunque nos sintamos muy inteligentes y presumamos de tener un mayor entendimiento que otros, debemos reflexionar profundamente: si esos conocimientos o experiencias son útiles para el bien común o si por el contrario solo están retroalimentando nuestros egos.

Un proverbio Chino nos recuerda que, “el trabajo del pensamiento se parece a la perforación de un pozo: el agua es turbia al principio, más luego se clarifica”.

Cuentan que cuando el erudito hombre fue denominado sabio por una serie de personas que le escuchaban, este les interrumpió para decirles que él no era ningún sabio y además les explico que los sabios son aquellos que dominan el cuerpo, la palabra y la mente y que quienes logran esa actitud eran verdaderos maestros. Por lo tanto concluyó el sapiente hombre: – el mejor lugar para encontrar esa sabiduría, por la que tanto hace a diario el ser humano, es en nuestro ser interior, allí encontramos todos los insumos para reflexionar y gracias a ello, podemos ver en el mundo exterior todos los recursos para mejorar tanto en nuestra salud como nuestro bienestar, lo cual no es un tema individual sino una visión general.

A diario buscamos no solo alcanzar un equilibrio entre nuestro cuerpo, mente y espíritu sino de nuestras relaciones, esas a través de las cuales se nos permiten diversas interacciones y por lo tanto todo tipo de lecciones, algunas de las cuales desafortunadamente convertimos en lesiones incluso para el futuro de nuestras coexistencias.

El Texto de Textos nos revela en Juan 17:23, “Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                           COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!