La vida en su día a día nos permite recibir una serie de aprendizajes, algunos de los cuales son muy útiles para liberarnos de ciertos peligros o sufrimientos. Mientras que otros por el contrario, pasan tan desapercibidos que los calificamos de insignificantes y por lo tanto, no les prestamos mayor atención. Sin embargo todos nos sirven, especialmente, aquellos que se nos permiten cuando interactuamos con las otras personas, con las cuales convivimos, que con sus aportes significativos nos aleccionen y enseñen. Y aunque en algunos casos esas experiencias no son racionalizadas, todas ellas nos van provocando una serie de pensamientos, visiones, reflexiones e incluso conjeturas, gracias a las cuales vamos construyendo una realidad y por lo tanto dándole o no un nuevo sentido a nuestras existencias.

Una perla anónima nos reitera que “una persona que ríe a diario, no es porque siempre le vaya bien, sino porque aprendió que debe sonreír en las buenas y en las malas”.

Cuentan que aunque no lo entendamos así, históricamente se ha demostrado que algunos aprendizajes nos libran de un peligro inminente y nos ayudan a sobrevivir. Incluso se asegura por ejemplo, que al interactuar con una vela y quemarnos un dedo, aprendemos que el fuego quema, lo que implica interpretar que no es tan satisfactorio y por lo tanto, la próxima vez que estemos cerca a otra vela seremos más cuidadosos y no la tocaremos de la misma forma o por lo menos, retiraremos ese dedo más rápidamente para alejarnos de la posibilidad de esa molesta circunstancia que nos genera dolor.

Y es que aunque no todo lo logremos asimilar de dicha forma, cada suceso que nos acontece nos enseña algo. Sí nos aporta en ese diario devenir y por lo tanto ,es sumamente útil y eficiente para nosotros y nuestro crecimiento como seres humanos, por lo cual no es coherente hacer a un lado esas enseñanzas y más bien atender todas esas experiencias, tanto las propias como las ajenas en pro de dicho crecimiento.

El Texto de Textos nos revela en II de Samuel 7:29, “ten ahora a bien bendecir la casa de tu siervo, para que permanezca perpetuamente delante de ti, porque tú, Señor mi Creador, lo has dicho, y con tu bendición será bendita la casa de tu siervo para siempre”.

Aquí y ahora tenemos la oportunidad de decidirnos por valorar el aprendizaje que nos ofrecen nuestras…                                             COTIDIANIDADES…                                                                                   ¡nos trasformaremos!